Acepto criticas y sugerencias.
Día tras día
Día 1: El
encuentro
Era un día como cualquier otro, salía de la
universidad de camino hacia mi casa, cuando paso por un templo, el cual se me
hizo muy familiar. Subí las escaleras, y al llegar arriba pude observar que era
el templo donde vivía mi querida amiga Kagome, hace mucho que no la veía, ni
tampoco sabía nada de ella. Decidí pasar a saludarla para ver como estaba.
Cuando estaba caminando para entrar vi a su
hermano menor, Sota, que salía de una casilla en el fondo, me percate y lo
salude con una sonrisa.
-¡Hola,
Sota! ¿Cuánto tiempo sin verte? ¿Me recuerdas?
-¡Hola,
______! Sí, a pasado tiempo- Me respondió el chico con una sonrisa.
-¿Cómo
estas?- Le pregunté inclinándome, en forma de reverencia.
-¡Bien!
¿Y tú?- M e respondió él haciendo el mismo gesto que yo.
-¡Bien,
muy bien! ¿Sabes? Últimamente me eh estado preguntando como está Kagome ¿Esta
ella aquí?- Respondí con curiosidad.
-No,
ella no se encuentra, se casó y se mudó, lo siento- Me respondió el joven de
ojos marrones, con una mirada compasiva.
-¡Oh!
No te preocupes ¿Y, en donde vive?
-E-eh,
bu-bueno ella- Sota se había puesto muy nervioso, pero luego de mucho
tartamudear agregó- ¡NO LO SÉ!- Y salió corriendo.
Me quedé un poco sorprendida al ver su
reacción, y me pregunte ¿Qué le había pasado? Luego ví la casilla de donde él
salía, esa casilla nunca antes la había visto. Me acerqué a ella y abrí la puerta, lo único que había dentro
era un pozo en medio.
Bajé las escaleras con cuidado y me acerqué
al pozo, me asomé, pero creo que demasiado por que me caí.
En ese momento no recuerdo mucho lo que paso
dentro del pozo, solo que desperté dentro del pozo, grite pero nadie me
escuchaba, entonces recordé que dentro de mi bolso tenía un cuchillo, por
precaución, lo tomé y corté unas lianas para subir.
Al salir del pozo me encontré en un especie
de bosque, Era raro por que tan solo hace unos instantes me encontraba en la
casilla del templo. Comencé a caminar sin rumbo con cuchillo en mano, de pronto
oí unos gritos que provenían del lugar donde venía, me di media vuelta y
comencé a correr hacía el pozo. Cuando llegue vi que un monstruo de cabellos
largos, todo sucio.
El monstruo intentaba hacerle daño a una
indefensa niña, de cabellos largos, negros, hasta la cintura que llevaba un
kimono en distintos tonos de amillos y ojos café. No quería presenciar como ese
monstruo le hacia daño, entonces tomé mi cuchillo y corrí hacia la niña
empujándola, y sacándola del camino.
-¿Quién
eres imbécil?- una voz ronca y grabe me lo preguntó.
-¡No
te dejaré hacerle que le hagas daño!- empuñe mi cuchillo y mire fijamente al
youkai, tenía la intención de intimidarlo con la mirada y provocarle miedo, me
había funcionado en otras ocasiones, pero fue en vano.
El youkai levantó su mano y me tiró contra un
árbol. En ese momento me enfade, me levante con dificultad y lance mi cuchillo
contra él, el cual le dio en el brazo. Cuando el youkai pegó un grito, corrí y
tomé a la niña del brazo y salí corriendo.
-¡CORRE,
CORRE!- Le grite a la niña, ella comenzó a correr, pero tropezó por tanta velocidad.
El youkai nos seguía, no sabía que hacer.
-¿Te
encuentras bien?- Le pregunte muy nerviosa. Él estaba a punto de atravesarla
con sus garras.
-¡NO
SOPORTARÉ UNA MUERTE MÁS!- Grite y me abalancé sobre la pequeña que estaba a
punto de llorar, poniendo mi cuerpo en medio.
De repente escuche un ‘’ZAS’’ y luego un
golpe seco, alce la mirada y vi mi cuchillo tirado en el suelo, observe atrás mío
con miedo y vi a un joven de cabellos blancos y largos, ojos color miel y piel
palida. La niña, llorando, corrió hacia él diciendo.
-¡Señor
Sesshomaru, señor Sesshomaru!- La pequeña corrió a abrazarle y le susurro algo
al oído, luego él se acercó a mi y me tomó en sus brazos, yo no tenía fuerzas
ni para hablar y solo le observe. Tenía una mirada firme y llena de fuerza, no
me miró en ningún momento, en cambio yo, le observe todo el camino. Tal vez
solo fue esa vez que estaba muy débil, pero ese joven me pareció muy atractivo.
Me llevaron hasta una aldea, me sentía algo
incomoda al estar e los brazos de alguien que no conocía. Cuando llegamos a la
aldea la niña de dejo que tiraría ayuda. Mientras que la niña se alejaba, el
joven me deposito en el suela y se fue, así, simplemente, sin decir una
palabra.
Un tiempo después vino la niña corriendo
junto a un grupo de personas, pero… ¿Qué es eso? ¿Acaso esa persona es? ¡No
puede ser! Es…
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